Leishmaniosis canina

Hablar de Leishmaniosis canina, nunca dejará de ser un tema que esta a la orden del  día debido a la importancia que reviste esta enfermedad no solamente para la especie Canina, sino para los humanos. Según reportes de la Organización mundial de la salud aparece la Leishmaniosis en más de 88 países con una prevalencia de 12 a 14 millones
de enfermos y una incidencia de unos dos millones de casos nuevos. Las personas y muchos mamíferos, entre ellos los gatos, son susceptibles de contraer la  enfermedad.
Pero a diferencia de estos, la especie canina tiene una particular susceptibilidad a padecer la enfermedad, ya que su sistema inmunitario no es capaz de combatir correctamente al parásito como las otras especies.

¿Aumenta el riesgo de contagio a las personas el convivir con un perro enfermo de Leishmaniosis?

No, el riesgo de contagio ya existe por el hecho de vivir en una zona endémica de Leishmaniosis, o sea una zona donde la enfermedad es de aparición frecuente todos los  años. Por lo que recalcamos que no hay mayor riesgo al vivir con un perro enfermo, incluso estando en contacto con su sangre a través de una herida o de pincharnos con una aguja con su sangre, porque recordemos que se necesita que el parásito que esta en esa sangre,  “viva” de 4 a 20 días en el mosquito para así adquirir capacidad infestante, y como ya hemos dicho antes las personas sanas, con un sistema inmunitario fuerte, tienen  muy poco riesgo.

Por otra parte es importante recordar que todavía no existe una vacuna que proteja a nuestro perro contra la Leishmaniosis. Tendremos aun que esperar varios años para tener disponible una vacuna comercial eficaz.

La leishmaniosis se transmite únicamente a través de la picadura de un mosquito llamado  flebótomo.
A partir del día que es picado el animal hasta que aparezcan los primeros síntomas puede  tardar de 3 a 18 meses. En algunos casos excepcionales puede parmanacer latente durante  varios años; de ahí la importancia de un diagnostico a tiempo para un control de tratamiento de síntomas.

Los principales síntomas clínicos en el perro son:

– Pérdida de pelo, sobre todo alrededor de los ojos, orejas y la nariz.

– Pérdida de peso, aunque pueda o no perder el apetito.

– Heridas en la piel especialmente en la cabeza y las patas en las áreas donde el perro está en contacto con el suelo al tumbarse o sentarse

– Hemorragias nasales.

– Cojeras intermitentes que no responden a tratamientos habituales.

– Diarreas crónicas.

– Lesiones inflamatorias oculares.

– Si la enfermedad se vuelve crónica, insuficiencia renal en la mayoría de los casos.

Visite a su veterinario quien realizará una prueba analítica mediante una muestra de sangre de su perro. Dependiendo de su estado, también tomará una muestra de la médula ósea o del tejido de un ganglio linfático inflamado para examinarla al microscopio y detectar los parásitos. Pero sin duda una vista anual al veterinario para realizar la prueba rebajara el riesgo de muerte en nuestra mascota, de esta forma se esta a tiempo de realizar un
tratamiento de control.

Recordamos que la única forma de infectarse el animal es por medio del mosquito  flebótomo. En el perro este parasito vive en un tipo especial de glóbulos blancos en la sangre, piel y órganos internos, además de de encontrarlo también en la medula ósea, articulaciones e incluso en el sistema nervioso central. Dentro del estómago del mosquito las células infectadas se rompen y los parásitos se liberan, cambian su forma y se vuelven alargados. Estas formas alargadas flotan en el contenido estomacal y se adhieren a la pared intestinal y allí comienzan a reproducirse, y en unos pocos días el estomago del mosquito esta repleto de parásitos. Estos se depositan en la sangre del perro mediante la picadura, esta deja una pequeña lesión llamada Chancro de Inoculación en el punto de la picadura, habitualmente en la nariz o la oreja. Allí el parásito coloniza los glóbulos blancos especiales y sufre un cambio morfológico a su forma original redondeada. A medida que la lesión en la piel desaparece, los parásitos se dispersan por la sangre a otros órganos internos.

Es importante tener en cuenta que los tratamientos que actualmente existen no eliminan el parásito, solo los síntomas, ya que el parásito permanecerá en el perro durante toda su  vida, por lo que es muy probable que estos mismos síntomas vuelvan a aparecer, y por tanto es también importante mantener los tratamientos que nos dicte nuestro veterinario.

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